¿Puede la IA sustituir a un render profesional?

Hace unos años, conseguir una buena imagen arquitectónica implicaba recorrer un proceso bastante definido: modelar, preparar materiales, iluminar la escena, ajustar la cámara, renderizar y, después, trabajar la imagen final.

La inteligencia artificial ha cambiado muchas de esas reglas. Hoy podemos generar, transformar y mejorar imágenes de una manera que hace poco parecía imposible. Y es lógico que esto lleve a hacerse una pregunta:

¿Sigue siendo necesario contratar un render profesional cuando existen herramientas capaces de generar imágenes por sí mismas?

La pregunta es interesante, porque obliga a distinguir entre dos cosas que a veces se confunden: hacer una imagen y decidir qué imagen necesita un proyecto.

La primera es una cuestión cada vez más accesible gracias a la tecnología. La segunda sigue requiriendo conocer el proyecto, entender qué se quiere comunicar y tomar decisiones sobre cómo presentarlo. En este contexto, preguntarse «¿puede la IA sustituir a un render profesional?« no significa únicamente comparar tecnologías. También significa preguntarse qué parte del trabajo de visualización puede automatizarse y cuál sigue dependiendo de las decisiones que se toman antes, durante y después de generar una imagen.

¿Puede la IA sustituir a un render profesional?
Imagen modelada en SketchUp, renderizada con V-Ray y retocada con Photoshop

Un proyecto puede tener muchas imágenes posibles

Imagina una vivienda terminada, con todos sus espacios perfectamente definidos.

Podríamos hacer una imagen del salón desde una esquina, desde el acceso, mirando hacia la cocina o desde una posición más cercana a la ventana. Todas serían imágenes correctas del mismo espacio. Pero probablemente no todas contarían lo mismo.

Una podría hacer que la estancia pareciese más amplia. Otra podría destacar la relación entre la cocina y el salón. Otra podría poner el foco en un revestimiento, una pieza de mobiliario o la entrada de luz natural.

El modelo 3D puede permitirnos construir todas esas escenas. Pero alguien tiene que decidir cuál merece convertirse en imagen. Y esa decisión no depende de la capacidad de una herramienta para generar píxeles e «imágenes muy chulas«. Depende de entender qué queremos mostrar.

Por eso, más que comparar una imagen generada con IA con un render realizado con otras herramientas, merece la pena analizar qué puede aportar realmente la inteligencia artificial y qué papel sigue teniendo el criterio del profesional dentro del proceso de visualización.

La visualización también consiste en seleccionar

Cuando presentamos un proyecto, estamos seleccionando qué parte de él queremos enseñar y desde qué punto de vista. Esto es especialmente importante cuando las imágenes tienen el objetivo de convencer o un objetivo comercial.

Un promotor puede necesitar mostrar la amplitud de una vivienda y su relación con el exterior. Un estudio de interiorismo puede querer destacar una solución de distribución, la combinación de materiales o la atmósfera que genera determinada fuente de iluminación. Un arquitecto puede necesitar explicar la relación entre diferentes volúmenes o cómo se integra un edificio en su entorno.

El mismo espacio puede necesitar imágenes completamente diferentes dependiendo de lo que queramos comunicar.

Por eso, hacer visualización arquitectónica no consiste únicamente en producir imágenes. También consiste en saber cuáles merece la pena producir.

Y ahí aparece de nuevo la pregunta: ¿puede la IA sustituir a un render profesional? Si entendemos el render únicamente como la generación de una imagen, cada vez hay más tareas que una herramienta puede realizar por sí sola. Si hablamos de visualizar un proyecto, entran en juego muchas más decisiones que la generación de la imagen final.

La realidad es que al trabajar la visualización de un proyecto hay que tomar decisiones antes, durante y después de generar la imagen.

  • ¿Qué punto de vista permite entender mejor el espacio?
  • ¿Qué elementos del proyecto son importantes y deben mantenerse?
  • ¿Cómo deben verse los materiales?
  • ¿Qué iluminación ayuda a explicar la propuesta?
  • ¿La distribución sigue siendo la misma?
  • ¿La imagen mantiene las proporciones y los elementos arquitectónicos originales?

Siendo 100% sinceros, estas preguntas no desaparecen porque utilicemos inteligencia artificial. La IA puede ayudar a resolver determinadas partes del proceso, pero no elimina la necesidad de tomar esas decisiones.

Un render también cuenta una historia

Una buena imagen arquitectónica no tiene por qué limitarse a describir un espacio. Puede transmitir cómo se quiere vivir en él.

La luz de una mañana entrando por una ventana, una mesa preparada, una persona leyendo en un rincón, una terraza abierta hacia el paisaje o una determinada relación entre los muebles pueden ayudar a construir una idea del espacio.

No se trata de llenar una imagen de elementos decorativos al azar para hacerla más atractiva. Se trata de decidir qué necesita aparecer para que quien la mira pueda imaginar el proyecto.

Esta parte de la visualización tiene mucho que ver con la dirección visual: elegir una atmósfera, una composición y un lenguaje que estén al servicio del proyecto. Y aquí la tecnología es solo una parte de la ecuación.

No existe un único tipo de render profesional

Cuando hablamos de un render profesional, puede parecer que estamos hablando de un tipo concreto de imagen: fotorrealista, perfectamente iluminada y con todos los detalles cuidados. Pero un render puede tener objetivos muy diferentes.

  • Una imagen destinada a presentar un proyecto a un cliente no tiene necesariamente las mismas necesidades que una imagen pensada para vender una promoción inmobiliaria.
  • Una visualización para un estudio de arquitectura puede poner el acento en la volumetría y la relación con el entorno.
  • Una imagen de interiorismo puede necesitar transmitir materialidad y ambiente.
  • Una presentación comercial puede necesitar que el espacio resulte inmediatamente comprensible y atractivo.
  • Etc.

Por eso, la calidad de una imagen no depende solamente de lo realista que parezca. También depende de si consigue comunicar aquello para lo que ha sido creada.

La imagen más espectacular no siempre es la más útil

La inteligencia artificial ha hecho mucho más fácil conseguir imágenes impactantes. Pero una imagen espectacular puede ser una mala imagen para un proyecto si desvía la atención de lo que realmente importa.

Un exceso de decoración puede ocultar una distribución. Una iluminación demasiado dramática puede impedir apreciar los materiales. Una perspectiva exagerada puede alterar la percepción de las proporciones.

Y esto no es un problema exclusivo de la IA. Cualquier herramienta de visualización puede utilizarse bien o mal. La cuestión es qué decisiones tomamos con ella.

Una buena imagen no es necesariamente la que consigue más «¡WOW!«. Es la que hace que el proyecto se entienda, se recuerde y se perciba como queremos.

Imagen modelada en SketchUp, renderizada con V-Ray y retocada con IA.
Imagen modelada en SketchUp, renderizada con V-Ray y retocada con IA

¿Qué tareas sí puede sustituir la IA?

Aquí creo que merece la pena ser completamente honestos. La inteligencia artificial sí puede sustituir algunas tareas que antes formaban parte del trabajo de visualización.

Puede facilitar determinados procesos de generación de imágenes, ayudar a desarrollar variantes, resolver ciertos detalles, trabajar elementos que antes requerían más intervención manual o permitir explorar una idea visual con mucha más facilidad.

Y eso no tiene porqué verse como algo negativo.

Las herramientas siempre han cambiado nuestra profesión. La llegada de nuevos motores de render, nuevas técnicas de modelado o nuevas herramientas de postproducción también modificaron en su momento nuestra forma de trabajar. Y quien diga que no, está mintiendo. El cambio y la evolución de nuestro trabajo se debe en parte a la experiencia, sí, pero no podemos negar que tener mejores herramientas también nos ha hecho mejores.

La diferencia está en que automatizar una tarea no equivale a automatizar todo el proceso de decisión que existe alrededor de ella.

Por eso, cuando alguien pregunta ¿puede la IA sustituir a un render profesional?, la respuesta cambia según qué entendamos por «render profesional«. Algunas tareas concretas sí pueden quedar automatizadas o simplificadas. El trabajo completo de convertir un proyecto en una serie de imágenes pensadas para comunicarlo es algo bastante más amplio.

Lo que no desaparece cuando cambia la herramienta

Aunque determinadas partes del trabajo sean ahora más sencillas, siguen existiendo preguntas que hay que responder.

  • ¿Qué queremos enseñar?
  • ¿A quién va dirigida la imagen?
  • ¿Qué tiene de especial este proyecto?
  • ¿Qué elementos deberían llamar la atención?
  • ¿Cuántas imágenes hacen falta?
  • ¿Deben formar parte de un mismo lenguaje visual?
  • ¿Es mejor mostrar el espacio de forma descriptiva o buscar una imagen más emocional?
  • ¿Dónde conviene colocar la cámara?
  • ¿Qué momento del día ayuda a explicar mejor el proyecto?

Y un largo etcétera, son decisiones que no pertenecen a una herramienta concreta. Forman parte de la dirección visual del proyecto. Y precisamente por eso seguirán siendo necesarias aunque cambien los programas, los motores de render o las herramientas de inteligencia artificial.

Cuando un proyecto necesita más que una imagen

En muchos encargos no se necesita un único render. Un proyecto puede requerir varias imágenes interiores, diferentes vistas exteriores, una imagen de conjunto, detalles de materiales o perspectivas pensadas para distintos usos.

En ese momento aparece otra cuestión: todas esas imágenes tienen que pertenecer al mismo proyecto también desde el punto de vista visual.

No basta con que cada una funcione por separado. Deben mantener una relación entre ellas: una misma interpretación de los materiales, una atmósfera compatible, una escala coherente y una forma de presentar el proyecto que no parezca que cada imagen pertenece a una historia diferente.

Esto es especialmente importante cuando las imágenes van a formar parte de una presentación, una memoria, una campaña comercial o el portfolio de un estudio. El trabajo consiste entonces no solo en producir renders, sino en construir un conjunto de imágenes que funcione como conjunto.

Entonces, ¿qué está comprando realmente un cliente?

Si las herramientas son cada vez más accesibles, es normal que surja este tipo de preguntas.

Cuando un estudio de arquitectura o interiorismo encarga visualizaciones, no está comprando únicamente el tiempo necesario para generar una imagen. Está encargando una interpretación visual de su proyecto.

Y es precisamente aquí donde la pregunta ¿puede la IA sustituir a un render profesional? se vuelve más interesante: no se trata solamente de quién o qué genera la imagen, sino de quién interpreta el proyecto y toma las decisiones necesarias para convertir toda esa información en una comunicación visual coherente. Está buscando que alguien sea capaz de coger toda la información disponible (planos, modelo 3D, materiales, referencias, decisiones de diseño) y convertirla en imágenes que tengan un propósito.

Y, por supuesto, también está delegando una parte del proceso de decisión.

  • Qué mostrar.
  • Cómo mostrarlo.
  • Qué merece una imagen.
  • Qué debería corregirse.
  • Qué debería mantenerse.
  • Qué lenguaje visual tiene sentido para ese proyecto.

La tecnología puede ayudar a resolver muchas partes de ese trabajo. Pero el valor del profesional está cada vez menos en saber utilizar una herramienta concreta y cada vez más en saber qué hacer con todas las herramientas disponibles.

La inteligencia artificial también cambia el trabajo del profesional

Esto significa que la profesión no permanece exactamente igual. Si las herramientas evolucionan, también tiene que evolucionar la forma de trabajar.

Aprender a utilizar inteligencia artificial forma parte de ello. Pero también lo es saber cuándo utilizarla, cuándo no hacerlo y cómo integrarla con las herramientas que ya forman parte del proceso de visualización. Para mí, ese es uno de los cambios más interesantes.

No se trata de escoger entre «render tradicional» e «inteligencia artificial» como si fueran dos mundos separados. Se trata de tener más recursos para resolver un proyecto y poder decidir cuál es la mejor manera de utilizarlos en cada caso.

La tecnología amplía las posibilidades. El criterio determina cómo utilizarlas.

Entonces, ¿puede la IA sustituir a un render profesional?

No sé si no debería formular la pregunta de otra manera…

¿La inteligencia artificial puede generar imágenes? Sí. ¿Puede automatizar tareas? Sí. ¿Puede transformar procesos que hasta hace poco necesitaban mucho trabajo manual? Sí

Pero un proyecto no necesita simplemente imágenes generadas. Necesita imágenes que tengan una intención. Imágenes que expliquen, que transmitan, que ayuden a tomar decisiones. En resumen, que permitan imaginar un espacio antes de construirlo y que presenten un proyecto de la manera adecuada para quien va a verlo.

Eso es lo que entiendo por visualización arquitectónica profesional. Y es también por lo que incorporo la inteligencia artificial a mi forma de trabajar: no como un sustituto del proceso, sino como una herramienta más dentro de una forma de entender la imagen y el proyecto.

Puedes ver cómo aplico este enfoque en mi servicio de renders con inteligencia artificial para arquitectura e interiorismo y en los diferentes proyectos de mi portfolio.

Quizá la cuestión no sea si la IA puede hacer un render. Eso ya sabemos que puede hacerlo.

La cuestión es quién decide qué render necesita un proyecto.

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